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viernes, 10 de enero de 2014

¿Que hay de geo en aplicaciones de salud?

Mucho. Potencialmente mucho. Esta entrada viene a colación para destacar un comentario en Science [1], que termina con las siguientes dos frases: 
“…There is also an urgent need for the creation of distributed, interoperable spatial data infrastructures to integrate health research data across and within disparate health research programs. In addition to fostering standards and scientific access, such large-scale spatial data infrastructures are themselves powerful new resources for generating and testing hypotheses, detecting spatial patterns, and responding to health threats.”
No es nada nuevo comentar que algunos problemas de salud pública pueden llevar a mejores decisiones si se analizan desde una perspectiva espacio-temporal. Un ejemplo típico es la expansión, o simplemente la monitorización, de una epidemia en una gran ciudad. Las tecnologías geo-espaciales facilitan por ejemplo analizar y simular la evolución temporal y espacial de una epidemia. Del valor añadido de afrontar un problema desde una perspectiva distinta, como la espacial, ya se dio cuenta el Dr Snow en el siglo XIX con su famoso mapa del colera y a vuelto a la palestra con el comentario en Science de arriba.  En otras palabras, es evidente que las aplicaciones de salud necesitan datos y tecnologías geo-espaciales para, por ejemplo, pronosticar cómo se expande una epidemia en un área. Señores médicos: no reinventen la rueda, no se saquen de la chistera nuevos servicios geo-espaciales! Aquí al lado tienen a la comunidad geo-espacial con sus infraestructuras de datos espaciales lista para colaborar y ayudarles. Una vez claro este punto, habría que pensar, como los autores del comentario en Science argumentan, en ver de que forma ambas infraestructuras, la geo-espacial  y la de salud, pueden interaccionar y colaborar en proyectos donde las tecnologías y datos  geo-espaciales ayuden en programas de salud pública. En un reciente artículo publicado en FGCS hemos sugerido la necesidad de colaboración entre las infraestructuras de información de salud y la geográfica [2]. Desde un punto tecnológico, es evidente que cada disciplina tiene sus singularidades, su terminología, su forma de hacer las cosas. Eso es así, y la esperanza de una única infraestructura “para todo” es más bien utopía. En la práctica, si somos capaces de identificar las demandas de carácter geo-espacial en aplicaciones de salud, y hacerlas corresponder con las ofertas de los servicios y tecnologías geo-espaciales, puede ser una vía para estrechar y aunar la colaboración entre disciplinas distintas que intentan resolver problemas multi-disciplinares.

[1] D.B. Richardson et al. Spatial Turn in Health Research. Science, 339(6126):1390-1392, 2013. doi: 10.1126/science.1232257
[2] C. Granell, O. Belmonte, L. Díaz. Geospatial information infrastructures to address spatial needs in health: collaboration, challenges and opportunities. Future Generation Computer Systems 31, 213-222. doi: 10.1016/j.future.2013.04.002. Acceso a la versión preprint.

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