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viernes, 26 de junio de 2015

NYPL busca Space/Time Engineer

La New York Public Library anda buscando perfiles raros para que se unan a se equipo de investigación NYPL Labs. Lo primero es una gozada que una biblioteca tenga un equipo de investigación dentro de la casa. Lo segundo aún más extravagante es que buscan a un candidato/a para crear una subseccion aún más rara dentro de NYPL Labs, que de por si ya es raro. El candidato buscado tendrá el sugerente título de Space/Time Directory Engineer y creará el Space/Time Directory.

El candidato requiere de un perfil técnico en tecnológicas geoespaciales (otra vez!) para dar vida a un servicio geoespacial de recursos históricos. Pero atención, dicho Space/Time Directory combinará colecciones históricas con datos creados y proporcionados por los usuarios (crowdsourced data). En fin, un trabajo ideal para un geobibliotecario/a que alterna con suma facilidad entre:


  • la tecnológica y las ciencias sociales, 
  • las colecciones históricas y los datos en tiempo real de la gente,
  • la diseminación en conferencias y a través de "blogging and hack events", y 
  • la habilidad de escribir excelente prosa y código a la vez.



domingo, 5 de octubre de 2014

Economia colaborativa

No es extraño que aparezcan nuevo términos en los medios, sobre todo relacionados con la tecnología. Pero es más extraño que, en un mismo día y de forma totalmente casual, me haya encontrado dos veces con un nuevo término: Economía colaborativa.

El primer tropiezo inesperado ha venido con la lectura de un artículo de opinión en El País, con el sugerente título de La tecnología que nos aíslaTan solo dos horas después, y viendo en directo las presentaciones del Tedx Mallorca, Jaume Mayor me ha sorprendido con una interesante charla sobre economía colaborativa. 

¿Que tiene de especial la economía colaborativa? ¿Va a ser el próximo modelo productivo que destronará al capitalismo? ¿Qué lo hace interesante para las grandes firmas tecnologías? Me gustaría responder a estas preguntas mas profundamente pero por ahora solo tengo una visión superficial de la economía colaborativa. Esto seguramente requiere de una reflexión más pausada sobre el tema. Pero aquí algunas comentarios personales, pueden que sean erróneos, descabellados, o acertados, pero que sirvan de reflexión inicial. 

La economía colaborativa nace para "buscar alternativas". Alternativas, entre otras cosas, al sistema capitalista actual. Del consumidor que compra productos para poseerlos se pasa al consumidor que utiliza productos para luego compartirlos cuando ya no los necesita. Ya no vamos a acumular posesiones que no utilizamos, sino que las ponemos a la venta o en alquiler para que otros hagan uso de ellos. Suena todo a consume responsable, reutilizar con sentido,  comprar con sentido, y al típico mercado de segundo mano. En tiempos de crisis y dificultades económicos, todo lo que suena a conseguir un producto gastando menos convence. 

El concepto en sí no es nuevo. De siempre los vecinos, hermanos, y amigos se han dejado o prestado cosas entre ellos.  Yo, sin saberlo, ya tengo algo de experiencia en la economía colaborativa. El carro de mi hijo lo compramos a unos holandeses, y ahora que ya no lo necesita, lo hemos vuelto a vender. Se prima el uso, no la posesión. De esta forma tres familias (al menos) habrán disfrutado del mismo carro haciendo un consumo responsable y con el consiguiente ahorro de dinero.

La economía colaborativa que surge ahora es más tecnológica que nunca, porque se produce en Internet y en los smartphones.  Sin ellos, la escala sería de N=barrio o N=ciudad, y hablaríamos de los mercadillo de segunda manos en los que todos hemos comprado o vendido un carro de bebé alguna vez. Lo realmente novedoso ahora es que el círculo de influencia donde existía la colaboración ya no se reduce a unos cientos de conocidos directos sino que literalmente se expande a toda la población mundial. La escala es N=all.

Y aquí es donde las grandes firmas tecnologías ven negocio, y del grande, como con las ciudades inteligentes, con la economía colaborativa. Uno puede llevar a cabo economía colaborativa con cualquier persona de otro continente gracias a los avances de las TIC. Y sobre todo a los sensores y al Internet de las Cosas, junto con los smartphones. Se estima que a día de hoy hay dos sensores por habitante del planeta. Pero en un horizonte de cinco años hay estimaciones que el ratio será de 10 a 1.

Pero la ubiquidad de la tecnología es crucial. Alguien lanza un "necesito A" mediante su smartphone, todos los "A" que encajan con la descripción responden a la llamada, ya que los "A" llevan sensores y son parte del Internet de las Cosas. Y  al cabo de unos instantes se recibe el código de acceso/uso de ese "A" . 

Y la infraestructura e intermediarios que hacen posible que las personas y las cosas inteligentes se comuniquen en tiempo real, a una escala de N=all, y en cualquier lugar (ubiquidad) está en manos de unas pocas firmas tecnológicas. Lo que parece a priori un modo de consumo responsable y racional, puede además dar más poder a los (pocos) poderosos. Nada de que el capitalismo está muerto, sino que parece que surge de sus cenizas revitalizado.

domingo, 31 de agosto de 2014

En contra las bibliotecas inteligentes

El periodo vacacional de agosto siempre es propicio para la lectura de algún libro de esos que gusta leer con calma. 

Imagínate una biblioteca inteligente. Una biblioteca que tiene digitalizados todos sus libros, colecciones y demás recursos, y que estos se sirven por Internet directamente al teléfono móvil del usuario. La biblioteca posee una gigantesca base de datos donde se cuantifica cada pequeño detalle de cada uno de los libros. Además, cuenta con potentes algoritmos informáticos capaces de mezclar la enorme base de datos con otros conjuntos de datos con información personal de los usuarios. A partir de los gustos personales, preferencias y estilos de vida captado de los perfiles de los usuarios en las redes sociales, otros algoritmos escupen recomendaciones de lectura personalizadas y hasta se atreven con predicciones de lecturas, hasta llegar al grado de recomendarnos libros de contenido más ligero si se anticipa un mes con mucho trabajo, o libros de viajes si nos encontramos planificando las próximas vacaciones de Semana Santa. Y todo ello sin interaccionar con la biblioteca, porque la biblioteca es inteligente. No hay que pedirle nada. Ya sabe todo el pasado y presente de cada usuario y parte del futuro inmediato. Calcula sus decisiones y predicciones masticando y analizando datos que generamos diariamente.

"Against the Smart City" de Adam Greenfield, es en realidad el libro que he le'ido este verano. No habla de bibliotecas inteligentes, sino de ciudades inteligentes (en el momento que se añade un adjetivo como inteligente, denota que existen también ciudades "tontas". Y edificios tontos. Y neveras tontas... Un sin-sentido) . Se trata de un breve ensayo que critica con dureza la locura actual en cuantificar cada detalle de las ciudades vía las tecnologías de la información, redes, sensores, etc. con el beneplácito de los políticos y en pro de la eficiencia máxima de recursos y la perfección absoluta en la toma de decisiones. La ciudad inteligente, tal como la concibe la industria tecnología interesada únicamente en implantar sus fabulosos sistemas informáticos en las ciudades como si se trataran de fábricas de automóviles,  se olvida de sus ciudadanos y de la propia ciudad como ente vivo, complejo, dinámico y cambiante. La ciudad y sus ciudadanos forma un todo imperfecto, con raíces socio-económicas y culturales diversas, ligadas al territorio donde se encuentran, ligadas a las costumbres de sus ciudadanos, ligadas al clima y al entorno que las rodea, ligadas en definitiva a una época. Hay cosas que simplemente no tiene sentido que sean perfectas. Son el motor y sello de identidad de las ciudades y sus ciudadanos que son imperfectas. Si fueran perfectas, no funcionarían sin más. 

Al igual que la inmensa mayoría de los mortales de una ciudad cualquier, el autor no está en contra de los avances tecnológicos en las ciudades, sino de la codicia de un puñado de empresas en buscar un nicho de negocio rentable y rápido en las ciudades en aras de la modernidad sin detenerse un instante en preguntarse si todo eso lo necesita una ciudad. El objetivo es simplemente económico, en busca del contrato multimillonario del mantenimiento del sistema a costa de los contribuyentes pero sin contar con ellos.

Un sí rotundo a los avances tecnológicos en las bibliotecas, con lógica y sentido, siempre que refuercen (y no destruyan) la propia identidad de una biblioteca. Un rotundo no a las biblioteca inteligentes como las del ejemplo ficticio al principio de esta entrada que destruyen la esencia milenaria de las bibliotecas por el mero hecho de la modernidad. 





martes, 1 de julio de 2014

Bibliotecas ubicuas, ¿dónde?



Las iniciativas sociales de colaboración son cada vez más abundantes. No cabe duda que el acceso a internet desde diferentes dispositivos, las mejoras en usabilidad, la alfabetización tecnológica… y toda una serie de avances en relación con el uso de ICT por parte de cualquier grupo social o individuo, han hecho proliferar estas iniciativas en todas direcciones. Agrupados en torno a una temática de interés común el “poder de las masas” permite darle la vuelta, mejorar, probar, cambiar, aportar, reflexionar, renovar… el sistema establecido para refrescarlo.

En relación con bibliotecas y el mundo del libro ha habido varias experiencias interesantes al respecto. Uno de los primeros en aparecer fue el Bookcrossing (2001). Básicamente, la idea es la de “liberar” libros y dejarlos en lugares públicos de forma que otro lector pueda encontrarlos y disfrutar de su lectura. Los libros que se quieren compartir se dan de alta en una base de datos y se les asigna un número de identificación (BCID) de forma que puedes seguir la vida de los libros una vez que salen de tu estantería. También puedes “ir de caza” y ver qué libros hay liberados en cada país, cada ciudad, cada barrio. La iniciativa se ha extendido por todo el globo, por ejemplo en España cuenta con 42.391 miembros.

Recientemente me encontré con una iniciativa experimental italiana interesante SocialBook: la rete delle biblioteche personali. En este caso la idea se basa en la creación de una biblioteca difusa, formada por colecciones personales, entes locales y bibliotecas, que sirva de aglutinador de una comunidad. Los usuarios (pequeños bibliotecarios) dan de alta los libros que están dispuestos a prestar, generando así un catálogo, para posteriormente poder localizar las copias de libros disponibles más cercanas a su domicilio, ejerciendo bibliotecas y otros entes, el papel de facilitadores.

Desde España, desde enero 2012 lleva funcionando la exitosa inciativa SocialBiblio, consistente en la creación de una comunidad a través de "una plataforma de formación colaborativa, en la que un día seremos profesores y otro seremos alumnos". La iniciativa, ampliamente difundida entre el colectivo profesional español, dió incluso el salto a Latinoamérica, estableciéndose diferentes webminars para ambos lados del océano, durante 2013.

Por último mencionaremos Viewshare aplicación web gratuita, desarrollada por la Library of Congress, a través de la cual los usuarios pueden desarrollar vistas dinámicas (mapas, nubes de etiquetas, líneas del tiempo, gráficas) partiendo de colecciones digitales.

Y qué veis de común en todo estos, además de colecciones de libros analógicos o digitales?… geo… la localización de los libros para ser cazados, la localización de los usuarios, el seguimiento de los libros en su busca de la libertad… los usuarios están generando sus propios mapas, indicando cuales son los puntos Bookcrossing en España, o fotografiando en qué lugar ha sido liberado un libro.

En el caso de SocialBook también el territorio juega un papel muy importante. A escala más reducida y por lo tanto a más nivel de detalle (sin entrar en temas de privacidad), en este proyecto podrían representarse puntos culturales focales en un territorio y aprovecharlos para la puesta en práctica de otras actividades o servicios. En concreto esta iniciativa está enmarcada en el proyecto Open Culture Atlas, de geolocalización cultural colaborativa, nacido en Italia en 2013.

Un complemento ideal para SocialBiblio, quizá sus promotoras ya lo hayan pensado, sería poder ver representados en un mapa el interés en determinados contenidos por determinadas zonas geográficas, o las áreas donde la iniciativa tiene más seguidores. 

Viewshare, utiliza la visualización a través de mapas (y otras representaciones) como forma de difusión y de localización de colecciones digitales.

Y ante esto, no os parece que las bibliotecas deberían aprovechar el potencial geo? Conocéis otras iniciativas que pongan en relación mapas y bibliotecas?

sábado, 12 de abril de 2014

Algoritmos más listos que tú

Los algoritmos nos rodean. Pierre Levy afirma que estamos frente a un aumento de la inteligencia colectiva humana gracias al “estadio algorítmico”[1] en que nos encontramos. Sin embargo, el uso de estos mismos algoritmos para “facilitarnos” las cosas, más bien parece que nos lleve a una visión reduccionista de la Web.

Hace un tiempo que vengo notando como Amazon, Linkedin, Facebook, Google, etc. me proponen cosas que en principio me resultaban extrañas…

… como que Linkedin, me sugiera contactar con gente que tengo como contacto en Gmail, aunque ese correo ya no esté operativo y ellos no tengan cuenta en Linkedin…

Luego me resultaban un engorro…

… como que en todas las ventanas de publicidad se me ofrezca la compra de juguetes Lego, porque busqué algo sobre eso hace dos semanas…

Y al final me cabreaban…

… cuando me pregunto quién le ha dado a Google la misión de “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”…


No es difícil llegar a la conclusión de que algo desconocido está pasando por debajo cuando lanzo una búsqueda, hago un click o compro un artículo por la web. Se puede ver que estos diferentes servicios se comunican entre sí y aprenden de lo que hago, aunque no me lo hayan claramente dicho.

En 2011 Eli Pariser, lo presentó clara y concisamente en TED: Beware online “filter bubbles”[2]. Estos servicios, en aras de una óptima personalización de resultados (y marketing directo), están seleccionando por mí lo que quiero ver creando “burbujas de información”, esto es mostrándome en primer lugar aquellas cosas que, en base a lo que saben de mí, piensan me puede interesar. Frente a esto tengo varios problemas, supongo que compartidos por muchos:
  1. Me asusta que sepan tanto de mí, o que crean que lo saben que es peor.
  2. Además de encontrar resultados relevantes y pertinentes, me gustaría contrastar otras visiones y dejar que la información fluyera en mi pantalla libremente. Ahora mismo me encierran en mis temas de siempre.
  3. Sería interesante, primero que estos algoritmos fueran transparentes y los usuarios tuvieran la información sobre cómo funcionan; en segundo lugar, siendo consciente de ello y visto que no creo que los eliminen, estaría bien que el usuario pudiera activarlos o desactivarlos según necesidad.
  4. Cada vez más usamos dispositivos para uso personal y laboral, creándonos una especie de doble personalidad que Google no puede detectar. ¿Cómo las búsquedas de mi yo “personal”, pueden estar interfiriendo en mi yo “laboral”, y viceversa, generando así una pérdida de información? 

En todo caso la sensación que me queda es que el intento de hacernos la vida más fácil, puede contrariamente hacérnosla más complicada y menos rica.




[1] Alvaro, S. (2014) IEML: Proyecto para un nuevo humanismo. Entrevista a Pierre Lévy. CCCLab: investigación e innovación en Cultura. 26/03/2014



[2] Pariser, E. (2011) Beware online “filter bubbles”. En: TED talks, marzo 2011 http://www.ted.com/talks/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles [Ultima visita: 2014-04-14]

viernes, 31 de enero de 2014

"There and back again" a Memory Tale by Estefanía

Últimamente me veo enredada laboralmente en temas sobre la preservación de la memoria y cómo esto se ve afectado por lo digital. Sabéis que es difícil separar lo que hacemos en el trabajo de nuestras vivencias mas personales, sobre todo si te gusta lo que haces...

Haciendo "vigilancia" sobre estas temáticas llegue a este post sobre la preservación de la memoria familiar y qué legado vamos a dejar a nuestras familias, ahora que casi todo es digital. Dejando a parte, todo el tema de las claves, contraseñas y toda la huella digital que vamos dejando por la Red, el right-to-be-fogotten o forbidden o right-to-erasure (podéis ver un conjunto de noticias del tema en The Guardian) me interesa particularmente el tema de la información que nos atañe de forma mas personal. Os pongo un ejemplo:

¿Estáis haciendo algo para tener, más o menos controladas las fotos que hacéis? ¿Las tenéis en múltiples dispositivos (tablet, movil, camara, cloud, PC...) o las centralizáis en algun sitio? Si es así, ¿dónde, en vuestro PC, en la nube, en un USB? Y, ¿os fiáis de que van a estar accesibles en el futuro? Habéis pensado si los formatos pueden evolucionar de tal forma que cuando queráis ver esas fotos en cinco o diez años ya no sean "entendibles" y no las podáis ver? Y, ¿si se rompe el ordenador, se pierde el USB, o la empresa que nos da servicio de cloud quiebra? Y es necesario que conservemos todas las fotos que hemos hecho o solo una selección de ellas? Y ¿cómo te organizas con todas las fotos? ¿las metadatas?

Lo mismo me pasa con el blog, ¿que será de él en el futuro? ¿Es una cosa que vale la pena conservar? ¿De qué forma? ¿Y si blogger desaparece y mi blog se va con él (tal y como paso con Geocities)?

Hay informaciones en la Red de las que determinadas instituciones se están haciendo cargo, por la carga histórica que estas puedan tener, ardua y difícil tarea. Pero, ¿qué pasa cuando son nuestros propios recuerdos los que están en juego? Creo que muchos no habíamos pensado en esto, al menos detenidamente y si queremos dejar algún legado debemos tomar conciencia sobre estas cosas, e intentar ponerle remedio. Al menos intentarlo.

Yo, personalmente, estoy sufriendo una vuelta a la caja de zapatos (donde guardábamos los recuerdos familiares o de infancia). Primero estoy dando una mínima estructura organizativa a las fotos (por años, carpetas) a modo de (pseudo)metadatos, y las estoy copiando por partida doble: en un USB gordo-gordo y en la nube. También he decidido imprimir algunas de las fotos (una selección de ellas porque he guardado tantas mías y de amigos que sería una fortuna imprimirlas todas), y hacer un album digital cada año e imprimirlo. También me he puesto manos a la obra con el blog usando alguna de las herramientas que hay por ahí como Blogbooker o Blurb, que te generan un pdf con las páginas del blog a modo de libro, que quizá también imprima en el futuro.

Luego, ¿pensáis que esta estrategia de alejamiento del papel y vuelta a el, podría ser una solución "fiable" para conservar nuestra memoria familiar?

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Slow Technology

Cada vez surgen más y más aplicaciones, redes sociales, novedades tecnológicas, que aparecen y en poco, viendo la fugacidad de los tiempos que corren, desaparecen o vienen sustituidas casi con la misma rapidez con la que surgieron. Parece que estamos sometidos a un cambio constante y que debemos probar todos los nuevos gadgets que aparecen. 

Últimamente se dice que Facebook está de capa caída, y que los usuarios (sobre todo los jóvenes) prefieren más servicios instantáneos como Snapchat, cuando hace un par de años no eras nadie si no estabas en Facebook. Nunca entre en Second Life, un mundo virtual paralelo al real, nacido en 2003 con grandes expectativas y venido a menos con el auge de las redes sociales, muchos invirtieron incluso dinero en el y salieron mal parados. La rueda no para y ya esta en desarrollo su continuación mejorada y ampliada con la incorporación de sensores, Highfidelity. No tengo smartphone, estar permanentemente conectada sería mi perdición. Tampoco hago uso del Whatsapp, aunque durante un tiempo hice uso de una comunidad "abusiva" de emails. Llegan los relojes que te avisan de todo, e incluso los anillos, por si se te pasa por alto que recibiste un email y no creo que lo compre.

Pasado un tiempo piensas, ¿me he perdido algo si no he tenido cuenta de Twitter? ¿Y si no he tenido Facebook? ¿Qué pasa si me salto tres generaciones de Smartphone?¿Y si no tengo Internet en el móvil? Pues sí, principalmente no sabes cómo funciona en primera persona, no lo has experimentado, te has perdido algunas risas y algunos disgustos, pero tampoco he cantado en un coro o he hecho surf, y quizá me hubiera encantado, pero he hecho muchísimas otras cosas... Que no hagas uso de la cantidad enorme de posibilidades tecnológicas que tenemos a nuestro alcance, no quiere decir que no sepas de que van, al contrario, hay que estar al día de lo que sucede, porque esto te permite elegir entre lo que te hace falta y no, o lo que estás dispuesto a perder o ganar, según se mire, haciendo uso o no de estas tecnologías.

Me parece importante tener la opción de elegir, incluso rebelarse al uso de tecnologías que no nos son útiles y que solo nos suponen colapso material y mental. No me veo en ninguna de las categorías creadas para adoptar una tecnología (innovators, early adopters, early majority, late majority, laggards). Claramente no soy una early adopter, pero tampoco una laggard porque no tengo aversión por la tecnología, sino que necesito tiempo para reflexionar sobre lo que puede serme útil o no, aunque quizá ese tiempo sea excesivo según los patrones de instantaneidad y rapidez de hoy en día. Reivindico una Slow Technology, que me permita conocer las nuevas tendencias en tecnológicas, examinarlas con atención para elegir aquellas que puedan aportarme alguna ventaja. Una forma meditada de saborear la tecnología,  para disfrutar de sus ventajas y darse el tiempo necesario para encontrar aquellos matices que más me puedan interesar. 

En algún momento debemos decir basta, y pararnos a reflexionar sobre con cuanta tecnología podemos y queremos lidiar diariamente sin ser considerados los freakies por no comprar el ultimo teléfono móvil.  No deja de ser paradójico, que curiosamente también nos llamaban así algún tiempo atrás cuando la tecnología no era tan invasiva y decidíamos probar todo de motu proprio.